viernes, 10 de mayo de 2013

Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Benedicto XVI, el Papa que no utilizaba ordenador ni Internet, fue uno de los primeros en captar la importancia de las redes sociales y el mundo virtual que, afirma, no es un mundo paralelo del que recelar, sino una parte más de nuestra vida cotidiana, «una nueva ágora, una plaza pública y abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones, opiniones y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comunidad».

De su mensaje para esta XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (2013) transcribo este párrafo que me ha parecido especialmente bello:

«El desarrollo de las redes sociales requiere de un compromiso: las personas se sienten implicadas cuando han de construir relaciones y encontrar amistades, cuando buscan respuestas a sus preguntas, o se divierten, pero también cuando se sienten estimuladas intelectualmente y comparten competencias y conocimientos. Las redes se convierten así, cada vez más, en parte del tejido de la sociedad, en cuanto que unen a las personas en virtud de estas necesidades fundamentales. Las redes sociales se alimentan, por tanto, de aspiraciones radicadas en el corazón del hombre

De ahí, dice el Papa emérito, la importancia y el desafío de hablar de verdad y de valores. De fomentar el diálogo respetuoso, de no ahogar la voz de la razón y la lógica, por encima del ruido o de la capacidad persuasiva.

Las redes permiten a los creyentes compartir el mensaje de Jesús, enriquecer las formas de expresión, «compartir la fuente profunda de su esperanza y alegría: la fe en el Dios rico en misericordia y amor, revelado en Jesucristo».  Y también son un factor de desarrollo humano, que permite compartir recursos espirituales, litúrgicos y ejercer una caridad activa.

También avisa el Papa Benedicto: «La confianza en el poder de la acción de Dios debe ser superior a la seguridad que depositemos en el uso de los medios humanos. ... en el ambiente digital, en el que con facilidad se alzan voces con todos fuertes y conflictivos, y donde se corre el riesgo de que prevalezca el sensacionalismo, estamos llamados a un atento discernimiento. Recordemos que Elías reconoció la voz de Dios no en el viento fuerte e impetuoso, ni en el terremoto o en el fuego, sino en el "susurro de una brisa suave" (1R 19, 11-12). Confiemos en que los deseos del hombre de amar y ser amado, de encontrar significado y verdad ... hagan de los hombres y mujeres de nuestro tiempo estén abierto siempre a lo que el beato cardenal Newman la "luz amable" de la fe».


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